100% y 100%

 


“Mientras tanto, Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, así que los discípulos lo despertaron. ¡Maestro! gritaron, ¿no te importa que nos ahoguemos?”

Marcos 4:38 (NVI)

En este relato podemos ver algo muy profundo acerca de nuestro Señor Jesús. Aquí se revelan dos facetas maravillosas de Él. Por un lado vemos su humanidad. Jesús estaba cansado y se quedó dormido en medio de la barca. Esto nos muestra que Él experimentó lo mismo que nosotros: el cansancio, el desgaste, las limitaciones del cuerpo. Jesús no fue ajeno a nuestra realidad.

Pero por otro lado vemos su divinidad. Unos versículos más adelante, Jesús se levanta y le ordena al viento y al mar que se callen, y la tormenta se calma. Ese poder solo puede venir de Dios.

Este pasaje quiere enseñarnos algo muy importante: Jesús es 100% hombre y 100% Dios. Jesús nos entiende

“Porque no tenemos un sumo sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que ha sido tentado en todo de la misma manera que nosotros, aunque sin pecado.”

Hebreos 4:15 (NVI)

Jesús vivió como nosotros. Sintió hambre, cansancio, dolor y tristeza. Por eso Él puede entender lo que estás viviendo hoy. No tienes que explicarle demasiado tu dolor, porque Él sabe lo que es ser humano. Pero hay una diferencia poderosa: Jesús nunca pecó. Él vino al mundo precisamente para salvarnos. Jesús tiene poder

 “Él se levantó, reprendió al viento y ordenó al mar: —¡Silencio! ¡Cálmate! El viento se calmó y todo quedó completamente tranquilo.”

Marcos 4:39 (NVI)

El mismo Jesús que estaba dormido por el cansancio se levanta con autoridad y calma la tormenta. Esto nos recuerda que no estamos delante de cualquier hombre, estamos delante de Dios mismo.

Cuando acudimos a Jesús, acudimos a alguien que no solo entiende nuestro dolor, sino que también tiene el poder para intervenir.

Necesitamos a Jesús en las dos dimensiones:

Como hombre, porque nos comprende, camina con nosotros y se identifica con nuestras luchas.

Como Dios, porque tiene el poder para cambiar lo que nosotros no podemos.

A veces, como los discípulos, en medio de nuestras tormentas podemos pensar:
“Señor, ¿no te importa lo que estoy viviendo?” Pero la verdad es que Jesús sí está en la barca. Tal vez parece que está en silencio, tal vez parece que está dormido, pero su presencia es suficiente.

Porque el mismo Jesús que descansa en la popa es el mismo que tiene autoridad sobre la tormenta.

Y hoy también quiere recordarte algo: si Él está en tu barca, no estás perdido el tiene el 100% humanidad y el 100% Divinidad 

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

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