A FLOR DE LABIOS
“Presta
atención, escucha las palabras de los sabios, aplica tu corazón a mi enseñanza,
pues es bueno guardar estos dichos en tu corazón y tenerlos siempre a flor de
labios.”
(Proverbios
22:17-18, NTV)
Todos recibimos consejos en la
vida. Algunos se olvidan rápido, otros se quedan dando vueltas en la mente, y
unos pocos se graban tan profundo que nos acompañan en las decisiones más
importantes. La Biblia dice que las palabras de Dios son de esos consejos que
no solo deben entrar por un oído, sino llegar hasta el corazón y luego salir
por los labios.
Tener la Palabra “a flor de
labios” significa que no está escondida ni guardada como un secreto, sino que
fluye con naturalidad en nuestras conversaciones, en nuestras reacciones y en
la forma en que tratamos a los demás. No es hablar con un “sermón” para todo,
sino vivir tan llenos de la Palabra que ésta se nota sin forzarla.
Jesús lo explicó muy claro:
“De lo que
abunda en el corazón habla la boca.”
(Mateo 12:34b,
NTV)
Es decir, si dejamos que la
Palabra llene nuestro interior, inevitablemente saldrá en forma de ánimo,
esperanza y verdad. Y eso no solo nos bendice a nosotros, sino que también
alienta a los que nos rodean.
El apóstol Pablo lo pone de otra
manera:
“Que el mensaje
de Cristo, con toda su riqueza, llene sus vidas. Enséñense y aconséjense unos a
otros con toda la sabiduría que él da…”
(Colosenses 3:16a, NTV)
La Palabra no está hecha para
guardarla como un tesoro escondido, sino para vivirla, disfrutarla y
compartirla.
Si cada uno nos preguntamos hoy:
¿qué hay a flor de mis labios? ¿Palabras de queja y enojo, o palabras de vida y
esperanza? ¿Qué responderíamos?
Empecemos con algo simple:
memorizar un versículo corto esta semana y compartámoslo de manera natural en
una conversación.
Recordemos lo que sembremos en nuestro
corazón, tarde o temprano, saldrá en nuestra manera de hablar y actuar.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
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