A LO BUENO MALO Y A LO MALO BUENO
“¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!”
Isaías 5:20 (RVR1960)
Vivimos en tiempos donde muchas cosas que antes se consideraban malas, hoy se celebran. Y lo que es recto, puro o conforme a la Palabra de Dios, a veces se critica o se ridiculiza.
Isaías ya había advertido de esto: cuando el corazón del ser humano se aleja de Dios, pierde la capacidad de discernir lo correcto. El problema no está solo en la sociedad, sino en cada corazón que decide vivir sin luz.
La gente empieza a justificar el pecado y a despreciar la verdad. Pero Dios no cambia, ni su verdad depende de las modas o de la opinión pública. Lo bueno sigue siendo bueno, aunque pocos lo practiquen.
“Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias; sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Profesando ser sabios, se hicieron necios.”
Romanos 1:21-22
Pablo nos dice que el problema no es falta de conocimiento, sino de gratitud y humildad. La gente conocía a Dios, pero prefirió seguir sus propios razonamientos. Y cuando el ser humano confía más en su lógica que en la verdad de Dios, termina llamando “sabiduría” a lo que en realidad es necedad.
Cuando el corazón se oscurece, ya no distingue entre el bien y el mal. Solo la luz de Cristo puede devolvernos claridad.
“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.”
Proverbios 14:12
Este versículo nos recuerda que no todo lo que parece correcto, realmente lo es. Hay cosas que el mundo presenta como “libertad”, pero terminan destruyendo el alma.
La voz de Dios siempre busca nuestro bien, aunque a veces contradiga nuestros deseos. Él ve más allá del momento, y sus mandatos no son para limitarnos, sino para protegernos.
Pregúntate hoy: ¿Estoy llamando “bueno” a algo que Dios llama “malo”?
¿Estoy justificando alguna actitud, palabra o decisión que sé que no agrada a Dios?
Pídele al Señor que te dé discernimiento, que te ayude a ver con sus ojos y no con los del mundo.
Oremos:
Señor, abre mis ojos para ver la verdad. No permitas que me confunda ni que me acostumbre a lo que no te agrada.
Dame un corazón sensible a tu voz y el valor para defender lo bueno, incluso cuando el mundo lo critique. En el nombre de Jesús, amén.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
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