AMOR ACTIVO
Vivimos tiempos donde el amor se
enfría fácilmente. Nos llenamos de argumentos, razones y excusas para no hacer
el bien. Incluso dentro del pueblo de Dios podemos justificar actitudes que no
reflejan el corazón de Cristo. Y la pregunta es sencilla… pero confronta:
¿Por qué no?
Jesús contó una parábola que
incomodó a muchos: la de los obreros de la viña (Evangelio de Mateo 20:1-16). Al
final del día, el dueño decidió pagar lo mismo a los que trabajaron todo el día
y a los que llegaron al final. A los primeros les pareció injusto. Pero el
señor de la viña respondió:
“¿No tengo
derecho a hacer lo que quiera con mi propio dinero? ¿O te da envidia de que yo
sea generoso?”
(Mateo 20:15)
El problema no era el pago. Era
el corazón. A veces creemos que alguien “no merece” ayuda.
Que no merece perdón. Que no merece una segunda oportunidad. Pero si Dios nos
hubiera dado solo lo que merecemos… ¿dónde estaríamos?
También Jesús confrontó a los
religiosos cuando criticaron que sanara en sábado. Él respondió:
“Por lo tanto,
está permitido hacer el bien en sábado.”
(Mateo 12:12)
Para Jesús, la necesidad humana
estaba por encima de la tradición. Hacer el bien nunca es pecado.
Dejar de hacerlo, cuando está en nuestras manos, sí lo es. La Palabra lo
confirma claramente:
“El que sabe
hacer el bien y no lo hace, comete pecado.”
(Epístola de Santiago 4:17)
Esto nos confronta profundamente.
No se trata solo de no hacer el mal. Se trata de hacer activamente el bien.
Jesús mismo lo vivió. No le
correspondía morir por nosotros. No estaba obligado. Pero lo hizo.
“Porque ni aun
el Hijo del Hombre vino para que le sirvan, sino para servir y para dar su vida
en rescate por muchos.”
(Evangelio de Marcos 10:45)
Ese es el modelo. Si servir no
nos caracteriza… tal vez no hemos entendido el mensaje completo del Evangelio. Hoy
el Espíritu Santo vuelve a susurrar: Si puedes ayudar… ¿por qué no? Si puedes
perdonar… ¿por qué no? Si puedes extender la mano… ¿por qué no? En cuanto
dependa de ti, haz el bien. No pierdas la esencia. No dejes que el amor se
enfríe. El amor verdadero no busca argumentos para no actuar. Busca
oportunidades para servir. Que nuestra fe no sea solo palabras, sino acciones
que reflejen a Cristo.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario