AMOR DIVIDIDO
¿Qué estás dispuesto a dejar por Jesús? Esta no es una pregunta cómoda. Es una pregunta que va directo al corazón, porque revela a quién pertenece realmente nuestra lealtad.
“He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues,
tendremos?”
Mateo 19:27
Pedro expresa algo muy humano: “Señor,
hicimos sacrificios… ¿valió la pena?”
Aquí vemos que seguir a Jesús siempre implica dejar algo atrás. Nadie sigue a
Cristo sin renuncias. La pregunta no es si dejamos cosas, sino qué tanto
estamos dispuestos a dejar y con qué actitud lo hacemos.
“Vosotros que me habéis seguido también os
sentaréis sobre doce tronos…”
Mateo 19:28
Jesús responde dejando claro que nada
de lo que se deja por Él es en vano. El sacrificio presente tiene una
recompensa eterna. Dios no ignora la obediencia ni el precio que se paga por
seguirle, aunque hoy no siempre lo veamos.
“Y cualquiera
que haya dejado casas, o hermanos, o padre, o madre… por mi nombre, recibirá
cien veces más, y heredará la vida eterna.”
Mateo 19:29
Este versículo suele incomodar,
porque Jesús menciona cosas muy profundas: familia, hogar, seguridad. Jesús no
está diciendo que no amemos a nuestros seres queridos, sino que nada debe
ocupar el lugar que solo Él merece. A veces, incluso las personas que
amamos pueden convertirse “sin querer” en un obstáculo para obedecer a Dios por
completo.
Nuestro corazón muchas veces está
repartido entre muchos “amores”: personas, sueños, comodidades, planes propios.
Y aunque esos amores no son malos, sí pueden fallar, irse o cambiar.
Jesús no es egoísta al pedirnos todo el corazón; Él conoce el futuro, sabe qué
cosas pueden rompernos después, y nos llama a poner nuestra confianza en Aquel
que nunca nos va a faltar.
Cuando ponemos los ojos en el
Señor y le entregamos todo el corazón y el control, llegan cosas que el
mundo no puede ofrecer: Paz, seguridad, bendición que no depende de las
circunstancias y sobre todo, vida eterna y recompensa eterna
No se trata de cuánto decimos que amamos a Jesús, sino de qué
estamos dispuestos a soltar para seguirlo sin reservas. Porque donde está
nuestro tesoro, ahí estará también nuestro corazón.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario