AMOR REAL
Muchas veces decimos con facilidad: “yo amo a Dios”… pero cuando nos detenemos a pensar lo que realmente implica amarlo, nuestro corazón se confronta, Porque amar a Dios no es solo una emoción bonita o unas palabras sinceras, es una vida que responde a Él.
La Palabra nos enseña que amar a
Dios también es amar lo que Él dice. Es acercarnos a su voz, valorar su verdad
y dejarnos guiar por ella.
“En mi corazón
he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.”
Salmo 119:11
Este versículo nos muestra que
cuando amamos a Dios, su Palabra deja de ser algo lejano y se vuelve un tesoro
dentro de nosotros. No la ignoramos, la guardamos, la vivimos.
Entonces vale la pena preguntarnos con honestidad: ¿Estoy
tomando en cuenta lo que Dios dice… o solo digo que lo amo?
Otra evidencia del amor a Dios es
la obediencia.
No una obediencia por obligación,
sino una que nace del deseo profundo de agradarle, de hacer su voluntad, de
honrar su corazón.
“Si me amáis,
guardad mis mandamientos.”
Juan 14:15
Jesús fue muy claro: el amor
verdadero hacia Él se refleja en nuestra manera de vivir. No es perfecto, pero
sí intencional. Es un corazón que quiere obedecer, aun cuando cuesta.
Y hay algo más que no podemos
ignorar…
Amar a Dios también se refleja en
cómo miramos a los demás.
No podemos decir que lo amamos,
si somos indiferentes con las personas, si somos bien con Dios y no con los
demás.
“Si alguno
dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso…”
1 Juan 4:20
Este versículo es fuerte, pero
lleno de verdad. El amor a Dios y el amor por las personas van de la mano. No
se pueden separar.
Cuando Dios transforma nuestro
corazón, comenzamos a sentir carga por las almas, compasión, deseo de servir,
de extender el amor que hemos recibido.
Por eso, hoy más que una
reflexión, que esta sea nuestra oración:
“Señor, enséñame a amarte de verdad, no solo con mis
palabras, sino con mi vida, que te ame obedeciéndote, escuchándote y amando a
otros como Tú me has amado.”
“Hijitos míos,
no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”
1 Juan 3:18
Que nuestro amor por Dios deje de ser solo una declaración y
se convierta en una evidencia viva cada día.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario