ANHELO SANTO

Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.

Hebreos 12:14

Cuando llegamos a los pies de Jesús, Él nos recibió con amor, nos limpió de nuestros pecados y nos perdonó por completo. Su gracia nos alcanzó cuando no la merecíamos, y nos dio una nueva vida. Sin embargo, a medida que caminamos en este mundo, podemos permitir que cosas, pensamientos, actitudes o deseos vuelvan a contaminar nuestro corazón.

La Biblia nos enseña que debemos procurar la santidad. Esto no significa alcanzar una perfección humana, sino vivir cada día apartados para Dios, permitiendo que Su Espíritu transforme nuestra manera de pensar, hablar y actuar. El enemigo sabe que no puede separar a un hijo de Dios de Su amor, pero sí intenta distraerlo y contaminarlo para que su comunión con el Señor se debilite y su mirada se desvíe de lo eterno.

Por eso, Hebreos nos recuerda que sin santidad nadie verá al Señor. La santidad no es una carga; es el camino que nos acerca más a Su presencia y nos permite conocer Su corazón.

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es.

1 Juan 3:2 

Qué promesa tan linda. Nuestro destino no es simplemente vivir una vida mejor en la tierra; nuestro mayor anhelo debe ser ver al Señor tal como Él es. Un día estaremos delante de Su presencia, contemplando Su gloria y disfrutando de una comunión perfecta con Él.

Cuando recordamos esta verdad, entendemos que la santidad tiene propósito. Dios nos está preparando para ese encuentro glorioso. Cada proceso, cada corrección y cada llamado a apartarnos del pecado tiene como fin acercarnos más a Él y formar en nosotros el carácter de Cristo.

¿Hay algo que esté contaminando tu comunión con Dios? Hoy es un buen día para volver a Sus pies. Él sigue siendo el mismo Dios que limpia, restaura y transforma. No permitas que las distracciones de este mundo apaguen el deseo más grande de tu corazón: ver al Señor y conocerlo cada día más.

Oremos:

Padre amado, gracias porque me limpiaste y me perdonaste por medio de Jesucristo. Examina mi corazón y muéstrame aquello que me aleja de Ti. Ayúdame a vivir en santidad, no por obligación, sino por amor a Tu presencia. Que mi mayor anhelo sea conocerte, agradarte y un día verte tal como eres. En el nombre de Jesús. Amén.

Dios te continúe bendiciendo 

Julia Andrea Bustamante 

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS