RECUPERANDO LA AUTORIDAD

 


La palabra autoridad es especial y muy importante en la Biblia. No es la autoridad a la que estamos acostumbrados a escuchar, no se trata de poder humano ni de control sobre otros, sino del derecho y la capacidad que Dios nos otorga para gobernar, enseñar, dirigir y actuar conforme a Su voluntad.

La Escritura nos recuerda que toda autoridad proviene de Él:

No hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas.”

 (Romanos 13:1)

El deseo del Señor es que todos sus hijos vivan y ejerzan esa autoridad. Sin embargo, muchas veces la perdemos de vista por la falta de sujeción a Dios y por la desobediencia. Cuando nos alejamos de Su voluntad, no perdemos Su amor, pero sí dejamos de vivir en la plenitud de lo que Él nos entregó.

La Biblia es clara al decir:

Ciertamente el brazo del Señor no se ha acortado para salvar… pero vuestras iniquidades han hecho división.”

 (Isaías 59:1–2)

Aun así, hoy Dios quiere recordarnos algo muy importante: Su anhelo no es vernos derrotados, sino restaurados. Él desea que, como hijos, volvamos a ejercer esa autoridad y actuemos en Su nombre como embajadores del Reino.

Así que somos embajadores en nombre de Cristo.”

 (2 Corintios 5:20)

Si hemos fallado, no debemos huir de Dios, sino correr a Sus brazos. Su Palabra nos da una promesa llena de esperanza:

Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” 

(1 Juan 2:1)

¿Para qué quiere Dios que ejerzamos Su autoridad?

Para sanar a los enfermos, liberar a los cautivos, anunciar las buenas noticias de salvación , hacer su voluntad y orar con libertad, sin culpa ni peso en el corazón.

Jesús mismo nos dio ese encargo:

Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios.”

 (Mateo 10:8)

“El Espíritu del Señor está sobre mí… para dar buenas nuevas a los pobres.”

 (Lucas 4:18)

Si hoy sientes que has perdido tu autoridad, la invitación es clara y amorosa: acércate confiadamente al trono de la gracia. Dios no te rechaza; Él te espera.

Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia.” 

(Hebreos 4:16)

Pídele perdón con un corazón sincero y aléjate de aquello que no le agrada. Él es fiel para restaurarte y devolverte lo que creíste perdido.

Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos.”

 (1 Juan 1:9)

Que hoy puedas recordar que tu autoridad en Dios puede ser restaurada cuando decides volver a Él con humildad y arrepentimiento.

Dios te continúe bendiciendo.

Julia Andrea Bustamante

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