BOLSAS QUE NO SE DESGASTAN
“Vendan lo que
tienen y den a los pobres. Consigan bolsas que no
se desgasten; un tesoro en el cielo que no se acabe…”
Lucas 12:33
Hay algo muy cotidiano que Jesús
usa para hablarnos al corazón: una bolsa; Cuando vamos al mercado y ponemos
demasiado peso en una bolsa débil, sabemos lo que va a pasar… se rompe. Todo se
cae. Todo se pierde.
Así también pasa con muchas cosas
en la vida, Jesús, con mucho amor, nos recuerda que existen dos tipos de
“bolsas”: unas que se desgastan y otras que nunca se rompen.
Las bolsas de esta tierra, lo
material, el dinero, lo que acumulamos son frágiles. Hoy están, mañana no. Se
dañan, pierden valor, o incluso alguien las puede quitar.
Pero Él nos invita a algo más
profundo: a invertir en bolsas eternas… esas que no se rompen.
Cuando Él dice “den a los
pobres”, no está hablando solo de dinero, sino de un estilo de vida: un
corazón generoso, sensible, desprendido. Cada acto de amor, cada obediencia,
cada vez que decides hacer el bien… es como si estuvieras guardando algo en el
cielo.
Y ese “tesoro” no es simbólico solamente… es real y eterno.
“Porque donde
está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”
Mateo 6:21
Este versículo nos revela algo hermoso: lo que valoras, ahí
está tu corazón. Si todo lo ponemos en lo temporal, nuestro corazón vivirá
ansioso, inseguro. Pero si sembramos en lo eterno, nuestro corazón descansa,
porque sabe que nada se perderá.
Además, Jesús nos recuerda que cuando hacemos algo por
otros, en realidad lo estamos haciendo para Él:
“De cierto les
digo que en cuanto lo hicieron a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí
lo hicieron.”
Mateo 25:40
Cada gesto de amor, cada ayuda,
cada palabra de vida… llega directo al corazón de Dios.
Y aquí hay una verdad que
sostiene todo esto: esas “bolsas que no se desgastan” no dependen de tu fuerza…
dependen de Dios.
Es Su mano la que sostiene lo que
tú haces con amor, es Él quien guarda, quien ve en lo secreto, quien da valor
eterno a lo que parece pequeño.
“Pero cuando tú
des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha… y tu Padre que ve en
lo secreto te recompensará.”
Mateo 6:3-4
Nada se pierde en Dios, nada. Hoy
el Señor te invita, a revisar: ¿Dónde estás guardando tu vida? ¿En bolsas que
se rompen… o en bolsas eternas?
No se trata de dejar todo lo material, sino de no hacerlo tu
tesoro. Se trata de vivir con un corazón que ama, que da, que confía… sabiendo
que todo lo que se siembra en Dios tiene peso eterno.
Oremos:
Señor, enséñame a vivir con un corazón eterno, A no
aferrarme a lo que se pierde, sino a invertir en lo que permanece, Hazme
sensible para dar, para amar, para obedecer…y confiar en que Tú guardas cada
semilla, en el nombre de Jesús, Amén
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
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