DULCE REPOSO



“Y como no tenían tiempo ni para comer, pues era tanta la gente que iba y venía, Jesús dijo: «Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco».”

Marcos 6:31 (NVI)

A veces estamos tan ocupados en tantas cosas que llegamos a creer que descansar no está bien, que detenernos es perder el tiempo. Y, si somos sinceros, una de las cosas en las que más fallamos los creyentes es justamente en esto: en aprender a descansar.

Podemos esforzarnos por cumplir muchas cosas, por servir, trabajar, ayudar, resolver problemas… pero olvidamos algo muy importante: Dios también nos enseñó a descansar.

Cuando Jesús vio a sus discípulos cansados, rodeados de gente, sin tiempo ni siquiera para comer, no les exigió más trabajo. Al contrario, con amor les dijo: “Vengan conmigo… descansen un poco”.

Jesús sabía algo que nosotros muchas veces olvidamos: el corazón del ser humano también necesita reposo.

Dios también descansó

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.”

Génesis 2:2 (RVR1960)

Dios no descansó porque estuviera cansado. Él descansó para enseñarnos un principio. Si el mismo Dios estableció un tiempo de reposo, es porque conoce perfectamente nuestra naturaleza. Él sabe que el ser humano necesita detenerse, respirar, recuperar fuerzas y volver a poner su mirada en Él.

El descanso también es un recordatorio de algo profundo: no todo depende de nosotros. Mientras descansamos, Dios sigue obrando.

Pero el Señor también quiere enseñarnos algo aún más grande. Ese descanso no solo es físico. Es un descanso para el alma.

“Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.”

Mateo 11:28 (RVR1960)

Aquí Jesús nos abre su corazón. Él sabe que muchas veces caminamos cargados de preocupaciones, luchas, dolores y afanes. Por eso nos invita a acercarnos a Él.

No dice: “resuelvan todo primero y luego vengan”, dice: “vengan a mí… y yo les daré descanso.”

Ese descanso es paz en medio de la tormenta. Es confiar en que Dios tiene el control, aun cuando nosotros no entendamos todo.

El día de reposo también apunta a algo hermoso: un descanso eterno que Dios ha preparado para su pueblo.

“Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de sus obras.”

Hebreos 4:9-10 (RVR1960)

Un día llegará el momento en que descansaremos completamente de las luchas, de las cargas y de las dificultades de este mundo. Dios nos recuerda que nuestro camino no termina aquí. Hay un reposo preparado para los que confían en Él.

Entonces, si un día vamos a descansar plenamente en Él, ¿por qué no empezar desde ahora?

¿Por qué no descansar en sus promesas? ¿Por qué no soltar lo que pesa tanto en el corazón?
¿Por qué no entregar los afanes que nos roban la paz?

Descansar en Dios no es abandonar nuestras responsabilidades. Es reconocer que Él camina con nosotros.

Hoy el Señor vuelve a decirnos con amor: “Ven conmigo… descansa un poco.”

Porque Él es nuestro reposo, Él es nuestro descanso y en su presencia siempre encontraremos paz.

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

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