EL ODIO MATA

 


Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él.”

1 Juan 3:15 (RVR1960)

Juan no está hablando solo de matar con las manos, sino de algo más profundo: matar con el corazón.

Cuando odiamos, cuando deseamos mal a alguien, cuando guardamos rencor, algo se muere dentro de nosotros.

El odio mata la paz, mata la alegría, mata las relaciones, y finalmente, mata el alma, lo que puede hacer que tanto nosotros o aquella persona a quien odiamos sea afectada.

Dios no solo ve lo que hacemos, sino lo que sentimos. Si en tu corazón guardas odio, aunque nunca lastimes físicamente a alguien, el odio ya está haciendo daño primero a ti mismo, y luego a los demás.

El odio no deja espacio para el amor de Dios. Por eso Juan dice que quien odia no tiene la vida eterna morando en él: porque Dios es amor, y donde habita el odio, no puede habitar el amor.

Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.”

Hechos 3:14-15 (RVR1960)

Pedro aquí está predicando con valentía. Él les dice a los que escuchan: “Ustedes mataron al Autor de la vida.”

Qué expresión tan fuerte. ¿Cómo se puede matar al que da la vida? Solo el odio puede hacer eso.

Cuando Pedro habló, no lo hizo para condenar, sino para hacerles ver el poder destructivo del odio.

Jesús fue rechazado, insultado y crucificado no por sus malas obras, sino por amor.

Fue el odio de los religiosos, la envidia de los líderes, y la indiferencia de la multitud lo que lo llevó a la cruz.

Ese mismo odio sigue vivo cuando el ser humano cierra su corazón al amor, al perdón y a la verdad.

Pero Pedro también anunció esperanza:

“Dios lo resucitó de los muertos.”

Es decir, el amor es más fuerte que el odio.

El odio mata, pero Dios da vida.

A lo largo de la historia, muchos han muerto solo por amar a Jesús o por amar a los demás.

Jesús mismo lo advirtió:

Entonces os entregarán a tribulación, y os matarán, y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.”

Mateo 24:9 (RVR1960)

Algunos han sido asesinados no por hacer el mal, sino por hacer el bien.

Han sido mártires del amor, víctimas del odio de quienes no soportaban la luz que llevaban dentro.

Jesús sabía que el odio del mundo era real, pero también dijo:

Yo he vencido al mundo.” 

(Juan 16:33)

Eso significa que, aunque el odio parezca triunfar, nunca tendrá la última palabra.

El amor, al final, siempre resucita.

Tal vez tú no has matado a nadie, pero ¿hay alguien a quien odias, a quien no puedes perdonar, o a quien deseas el mal?

Ese sentimiento, aunque parezca “justificado”, te está robando vida.

El odio no castiga al otro, te envenena a ti.

Jesús nos mostró otro camino:

Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen...”

Mateo 5:44

Perdonar no significa que apruebas lo que te hicieron, sino que decides no dejar que el odio te consuma.

Cuando sueltas el rencor, te liberas tú.

Oremos:

Señor Jesús, líbrame del odio que mata el alma. Enséñame a perdonar, como Tú perdonaste a quienes te crucificaron. Quita de mí todo rencor, y llena mi corazón de Tu amor. Que nunca sea instrumento de muerte con mis palabras o actitudes, sino portador de vida, esperanza y paz. Amén.

Dios te continúe bendiciendo 

Julia Andrea Bustamante 

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS