FE AGRADABLE
"Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron."
Juan 20:29
Cuando pensamos en Tomás, casi siempre lo recordamos como "el discípulo incrédulo". Durante años ha llevado esa fama porque dijo que no creería hasta ver y tocar las heridas del Señor. Sin embargo, cuando Jesús se presentó delante de él, su respuesta fue una de las declaraciones más profundas de fe que encontramos en las Escrituras:
"¡Señor mío, y Dios mío!" (Juan 20:28).
Y esto me lleva a reflexionar. Muchas veces nosotros decimos que creemos en Dios, hablamos de nuestra fe y afirmamos confiar en Él. Pero Tomás, en aquel momento tan especial, no solamente reconoció quién era Jesús; también lo hizo personal. No dijo simplemente "el Señor" o "el Dios", sino "mi Señor y mi Dios".
Qué hermoso sería que nuestra fe nos llevara cada día a esa misma confesión de amor, dependencia y rendición.
Es cierto que Tomás dudó. Pero si observamos con detenimiento, veremos que no fue el único discípulo que tuvo momentos de debilidad en su fe.
Pedro caminó sobre las aguas, pero cuando quitó su mirada de Jesús comenzó a hundirse por causa de la duda (Mateo 14:30-31).
Los discípulos muchas veces fueron reprendidos por Jesús por su poca fe (Mateo 8:26).
Cuando Jesús fue arrestado, muchos de ellos huyeron (Marcos 14:50).
Y aun después de escuchar los testimonios sobre la resurrección, algunos tuvieron dificultades para creer (Lucas 24:11).
La realidad es que Tomás no es tan diferente de nosotros. Todos, en algún momento, hemos tenido preguntas, temores o luchas para confiar plenamente en Dios. Todos hemos atravesado circunstancias en las que hemos querido ver antes de creer.
Sin embargo, hoy el Señor nos hace una invitación amorosa: creer no solamente por lo que vemos, sino por lo que conocemos de Él.
Nuestra fe no está basada únicamente en las circunstancias visibles, sino en el carácter inmutable de Dios, en sus promesas y en su fidelidad demostrada una y otra vez.
La Palabra nos dice:
Creerle a Dios es una de las ofrendas de amor más hermosas que podemos entregarle. Cuando seguimos confiando aunque no entendamos, cuando esperamos aunque no veamos resultados inmediatos, cuando permanecemos firmes aunque las circunstancias parezcan contrarias, estamos honrando su corazón.
La fe agrada a Dios porque demuestra que confiamos en quién es Él.
Quizás hoy hay algo por lo que has estado esperando respuesta. Tal vez has estado luchando con dudas o preguntas. El Señor no te rechaza por ello. Así como se acercó a Tomás, también se acerca a nosotros con amor y paciencia para fortalecer nuestra fe.
Que hoy podamos decir desde lo más profundo de nuestro corazón:
"Señor mío y Dios mío."
Y que nuestra confianza en Él no dependa de lo que vemos con nuestros ojos, sino de lo que sabemos de su amor, su fidelidad y su verdad.
Oremos:
Señor Jesús, gracias por tu paciencia con nuestras debilidades y nuestras dudas. Ayúdanos a crecer en una fe que te agrade, una fe que permanezca firme aun cuando no podamos ver el camino completo. Enséñanos a confiar en tu carácter, en tus promesas y en tu amor. Que cada día podamos reconocerte como nuestro Señor y nuestro Dios. Amén.
Dios te continúe bendiciendo.
Julia Andrea Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario