GRANDE MISERICORDIA
Ayer pudimos ver cómo se estremeció nuestro país, y en medio de todo lo que vivimos también pudimos experimentar la gran misericordia de Dios.
La misericordia nos habla de un Dios que mira nuestra condición y se conmueve. Un Padre que, aun conociendo nuestras infidelidades, sigue extendiendo Su mano y llamándonos de regreso a Él.
Como personas y como nación, muchas veces hemos puesto nuestra confianza y nuestro corazón en cosas que no son Dios. La idolatría nos aleja de Aquel que nos ama profundamente. Pero cuando el Señor nos llama a dejarla, no lo hace para quitarnos algo, sino para devolvernos a la fuente de la vida.
No sabemos todo lo que Dios está haciendo en medio de las circunstancias que vivimos, y no debemos apresurarnos a decir que cada tragedia es un castigo suyo. Pero sí podemos permitir que estos momentos nos hagan detenernos, mirar nuestro corazón y preguntarnos con humildad: ¿hay algo que está ocupando en mi vida el lugar que solamente le pertenece a Dios?
Su llamado sigue siendo un llamado de amor:
Quizás ayer sentimos miedo y recordamos lo frágiles que somos. Pero qué hermoso es saber que, aun cuando todo alrededor se estremece, podemos correr a los brazos de un Dios que permanece firme.
Hoy, más que señalar al mundo, volvamos nuestro corazón a Él. Dejemos que Su amor nos examine, que Su misericordia nos lleve al arrepentimiento y que Su presencia nos vuelva a recordar dónde está nuestra verdadera seguridad.
Señor, gracias porque no nos has tratado conforme a nuestros errores. Gracias porque Tus misericordias son nuevas cada mañana. Vuelve nuestro corazón a Ti, quita todo aquello que ha ocupado Tu lugar y enséñanos a amarte y adorarte por encima de todo. Ten misericordia de nuestra tierra, de nuestras familias y de cada corazón que hoy necesita sentir Tu abrazo. Amén.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante

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