HIJOS VERDADEROS
Este pasaje nos muestra que hay dos cosas esenciales para llegar a ser hijos de Dios: creer en Jesús y recibirlo. No son dos caminos diferentes, sino una misma respuesta de fe que transforma nuestra vida. Creer en Él significa confiar en quien es; recibirlo significa abrirle el corazón y darle un lugar permanente en nuestra vida.
No basta con decir que creemos en Jesús si nuestro corazón permanece cerrado para Él. Recibirlo es aceptarlo como el Señor de nuestra vida. Es invitarlo a habitar en nuestro corazón y entregarle cada área de nuestro ser. Es permitir que Él transforme nuestros pensamientos, nuestras decisiones, nuestros sueños y nuestras acciones. Cuando Cristo habita en nosotros, ya no vivimos para nuestra propia voluntad, sino para la suya.
Mira! Yo estoy a la puerta y llamo. Si oyes mi voz y abres la puerta, yo entraré y cenaremos juntos como amigos.
Apocalipsis 3:20 NTV
Recibir a Jesús significa entregarle las llaves de cada habitación de nuestro corazón. Es reconocerlo como Rey, Señor y dueño de nuestra vida. Es dejar que gobierne cada rincón de nuestro ser y aprender a depender completamente de Él. Una fe genuina no solo lo conoce de nombre; le entrega el control y confía plenamente en su dirección.
Confía en el Señor con todo tu corazón; no dependas de tu propio entendimiento. [6] Busca su voluntad en todo lo que hagas, y él te mostrará cuál camino tomar.
Proverbios 3:5-6 NTV
Cuando creemos en Jesús y lo recibimos de esta manera, Dios nos concede el maravilloso privilegio de ser llamados sus hijos. Antes éramos sus criaturas, porque Él es nuestro Creador; pero por medio de Cristo somos adoptados en su familia y disfrutamos de una relación íntima con el Padre. ¡Qué inmenso regalo de su gracia y de su amor!
Pues todos ustedes son hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús.
Gálatas 3:26 NTV
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante

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