¿INIQUIDAD O INTEGRIDAD?

 


“Bienaventurados los que guardan sus testimonios,Y con todo el corazón le buscan; Pues no hacen iniquidad Los que andan en sus caminos.”

Salmos 119:2-3 (RVR1960)

La iniquidad, según entendemos, no es solo una acción incorrecta; es una maldad profunda que nace en el corazón y se manifiesta en lo que hacemos. No comienza afuera, comienza dentro.

Muchas veces pensamos en el pecado como aquello visible, lo que otros pueden notar. Pero la iniquidad va más allá. Es ese resentimiento guardado, el orgullo disfrazado, la envidia silenciosa o la falta de amor. Es lo oculto… aquello que nadie ve, pero que Dios conoce perfectamente.

La Palabra también nos muestra que la iniquidad puede ser intencional, pensada y ejecutada con premeditación:

“¡Ay de los que en sus camas piensan iniquidad, y maquinan el mal, y cuando llega la mañana lo ejecutan, porque tienen en su mano el poder!”

Miqueas 2:1 (RVR1960)

El salmista nos deja una verdad clara: quien guarda la Palabra y camina en los caminos del Señor no se caracteriza por la iniquidad. No vive planeando el mal ni alimentando pensamientos que desagradan a Dios. Su anhelo es agradarle.

Pero aquí es donde entra la gracia: ninguno de nosotros, por sí mismo, tiene un corazón completamente limpio. Por eso necesitamos a Jesucristo.

Jesús mismo enseñó que el problema no es solo lo externo, sino lo que sale del corazón:

Porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios, las blasfemias.”

Mateo 15:19 (RVR1960)

Sin embargo, Él no solo revela la condición del corazón, también ofrece transformación. En la cruz, Jesucristo cargó con nuestro pecado y nuestra iniquidad para darnos un corazón nuevo.

Si me amáis, guardad mis mandamientos.”

Juan 14:15 (RVR1960)

Seguir a Cristo no es solo decirlo con palabras; es vivirlo con un corazón rendido. La evidencia de que verdaderamente estamos en Su camino no es la perfección, sino una vida que lucha por apartarse del mal, que ya no se deleita en la iniquidad, sino que desea agradar a Dios en todo.

Hoy es un buen día para examinar el corazón delante del Señor. No lo que otros ven, sino lo que solo Él conoce. Y permitir que Jesús lo limpie, lo transforme y lo alinee a Su voluntad.

Caminar con Dios implica coherencia entre lo que creemos, lo que leemos y lo que vivimos. Y aunque el proceso es diario, Su gracia nos sostiene en cada paso.

Que nuestro anhelo sea tener un corazón íntegro delante de Él y dejar la iniquidad.

Dios te continúe bendiciendo.

Julia Andrea Bustamante



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