LAS PALABRAS PESAN

 



En las muchas palabras no falta pecado; mas el que refrena sus labios es prudente.”

 Proverbios 10:19 (RVR1960)

Las palabras tienen poder. Con ellas podemos bendecir o destruir, edificar o herir. La Biblia nos advierte que hablar demasiado especialmente sin pensar nos lleva fácilmente al pecado: a murmurar, exagerar, juzgar o simplemente decir cosas que no edifican.

Dios nos llama a ser prudentes y lentos para hablar, porque las palabras revelan lo que hay en el corazón. Cuando aprendemos a callar a tiempo, demostramos dominio propio y sabiduría espiritual.

El silencio, en ocasiones, no es debilidad, sino una muestra de madurez. Antes de responder, es mejor detenernos un momento y preguntarnos: ¿Esto edifica? ¿Refleja el amor de Cristo?

Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse.”

Santiago 1:19

Este versículo nos recuerda que la prudencia empieza al escuchar más y hablar menos. Cuando somos rápidos para hablar, perdemos la oportunidad de discernir lo que realmente conviene decir.

El que ahorra sus palabras tiene sabiduría; de espíritu prudente es el hombre entendido. Aun el necio, cuando calla, es contado por sabio; el que cierra sus labios es entendido.”

Proverbios 17:27-28

Aquí se nos enseña que el silencio puede ser una señal de sabiduría. A veces, callar evita conflictos, conserva amistades y protege nuestro testimonio cristiano.

Oremos:

“Señor, enséñame a hablar con sabiduría y amor. Ayúdame a refrenar mi lengua y a usar mis palabras para bendecir, no para herir. Que todo lo que diga refleje tu verdad y tu gracia. Amén.”

Dios te continúe bendiciendo 

Julia Andrea Bustamante 


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