LUZ VERDADERA
Muchas veces nos preguntamos por qué hay personas que aún no se acercan al Señor. Y este pasaje nos deja ver algo muy profundo: no siempre es falta de oportunidades, sino temor a que la luz de Dios revele aquello que hay escondido en el corazón.
La luz de Cristo no vino para destruirnos, vino para salvarnos. Pero cuando una persona ama más sus caminos que la verdad, comienza a huir de esa luz, porque siente miedo de ser confrontada. El enemigo usa precisamente esa mentira: hacerle creer al ser humano que Dios solo quiere acusarlo, avergonzarlo o rechazarlo. Pero eso no es lo que hace Jesús.
Dios no nos llama para humillarnos, sino para transformarnos con amor. Él alumbra nuestra oscuridad porque desea sanar lo que está roto, limpiar lo que duele y restaurar lo que el pecado dañó.
Por eso, quien comienza a practicar la verdad ya no huye de la luz, sino que se acerca a ella. Aunque todavía esté en proceso, aunque aún tenga luchas, decide rendir su corazón a Dios y caminar en obediencia.
Cuando dejamos que la Palabra nos alumbre, encontramos dirección, vida y libertad. La luz de Dios no expone para condenar; expone para traer arrepentimiento, sanidad y una nueva oportunidad.
Hoy el Señor sigue llamando a muchos a salir de la oscuridad. Y aunque el enemigo quiera sembrar culpa y miedo, Jesús sigue extendiendo Sus brazos con misericordia.
Acércate a la luz. Allí no encontrarás rechazo, encontrarás al Padre esperando restaurar tu corazón.
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