ME LLAMA POR MI NOMBRE
Qué precioso es saber que nuestro Padre nos llama por nuestro nombre. No somos un número más ni personas olvidadas para Él. Cuando Dios nos llama por nuestro nombre, nos recuerda que le pertenecemos, que somos conocidos y profundamente amados. Esa verdad afirma nuestra identidad como hijos de Dios y nos llena de seguridad en su amor.
Ser hijos de Dios es un privilegio inmenso que muchas veces no alcanzamos a dimensionar. En Él encontramos protección, cuidado y un amor que permanece en todo tiempo. Nuestro Padre nunca nos abandona; camina con nosotros, nos sostiene y nos guarda con su fidelidad.
Además, ser hijos de Dios nos concede bendiciones maravillosas. En Cristo somos parte de una gran familia, tenemos el privilegio de llamar a Dios «Abba, Padre», disfrutamos de una relación cercana con Él y somos hechos coherederos con Cristo de las promesas del Padre. ¡Qué regalo tan precioso es pertenecer a su familia!
Hoy recuerda que Dios te conoce personalmente. Él te llama por tu nombre, te ama como Padre, te sostiene como hijo y te invita a vivir cada día descansando en la seguridad de que le perteneces. Nunca olvides que tu identidad no está en lo que el mundo dice de ti, sino en lo que Dios ya ha declarado: eres su hijo amado por medio de Jesucristo.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante

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