MIRADA ETERNA
A veces pensamos que para acercarnos a Dios debemos tener algo especial: una buena imagen, una gran capacidad, una vida perfecta o ser aceptados por los demás. Pero la historia de Zaqueo nos recuerda que la mirada de Dios no funciona como la mirada del hombre.
Zaqueo era un hombre pequeño de estatura y además era rechazado por muchos por ser cobrador de impuestos. La gente veía sus errores, su apariencia y su pasado. Pero Jesús vio algo más profundo: vio un corazón necesitado de Él.
“Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.”
Lucas 19:5
Qué hermoso es entender esto: Jesús no pasó de largo. Entre toda la multitud, sus ojos encontraron a Zaqueo. Y así también ocurre con nosotros. Dios no nos ignora por nuestra condición, nuestras debilidades, nuestra apariencia física ni por las etiquetas que otros nos hayan puesto.
“Porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
1 Samuel 16:7
Jesús no solamente llamó a Zaqueo, sino que quiso quedarse en su casa. Eso representa cercanía, amor, restauración y salvación. Cristo no busca personas perfectas; busca corazones dispuestos a abrirle la puerta.
Y aunque Dios siempre toma la iniciativa de buscarnos, también nos deja una decisión: responder a su llamado o ignorarlo. Zaqueo decidió bajar rápidamente y recibir a Jesús con gozo. Ese encuentro transformó su vida.
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
Lucas 19:10
Hoy tal vez te has sentido pequeño, invisible, rechazado o insuficiente. Pero para Dios jamás has pasado desapercibido. Su mirada sigue alcanzando lugares donde nadie más mira. Él todavía llama por nombre, todavía entra en hogares, todavía transforma vidas y todavía extiende su mano con amor.
¿Estoy dispuesto, como Zaqueo, a dejar todo aquello que me aleja de Jesús y responder rápidamente a su llamado?
Oremos:
Señor, gracias porque tu mirada me encontró aun cuando otros no podían ver valor en mí. Gracias porque no me rechazas por mis errores ni por mis debilidades. Hoy abro mi corazón para que entres y transformes mi vida. Ayúdame a responder a tu llamado con alegría y a caminar cada día más cerca de Ti. Amén.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario