MISERICORDIA
Hay una verdad bíblica que
incomoda, pero también despierta el alma: Dios tiene misericordia de quien Él
quiere tener misericordia.
El apóstol Pablo lo expresó así:
“Tendré
misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me
compadezca.”
(Romanos 9:15)
Estas palabras no significan que
Dios no ame a toda su creación. Dios ama a todos, pero Dios conoce los
corazones. Él sabe quién, tarde o temprano, lo reconocerá como Señor y
Salvador. Él ve decisiones que aún no hemos tomado, y pesa intenciones que nosotros
mismos ignoramos.
“Jehová
escudriña los corazones de todos, y entiende todo intento de los pensamientos.”
(1 Crónicas
28:9)
Por eso, la misericordia no es
algo que se exige, es algo que se ruega. Cada día necesitamos pedirle a Dios
que tenga misericordia de nosotros, porque sin ella, ninguno estaría en pie.
“Por la
misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus
misericordias.”
(Lamentaciones
3:22)
Hoy hay un llamado claro. Si
estás leyendo este mensaje, no es casualidad. Es porque Dios está extendiendo
Su misericordia hacia ti. Porque tu miseria y la mía llegaron a Su corazón, y
Él no quiere que ninguno se pierda, eso precisamente es lo que significa.
“El Señor no
retarda su promesa… no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan
al arrepentimiento.”
(2 Pedro 3:9)
La misericordia de Dios es el
regalo más grande que podemos recibir. No se gana, no se compra, no se merece.
Se recibe. Y la prueba más clara está en la cruz. Un ladrón, culpable,
condenado, sin obras que ofrecer, en su último suspiro clamó:
“Acuérdate de
mí cuando vengas en tu reino.”
(Lucas 23:42)
Y Jesús le respondió:
“De cierto te
digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.”
(Lucas 23:43)
Eso es misericordia. Hoy la pregunta no es si Dios puede
tener misericordia… La pregunta es: ¿la estás pidiendo?
Que hoy tú y yo podamos decir con un corazón sincero: “Señor,
ten misericordia de mí.”
Dios te continúe
bendiciendo.
Julia Andrea
Bustamante
Comentarios
Publicar un comentario