MUERTE NECESARIA
“Así que,
hermanos, deudores somos, no a la carne, para que vivamos conforme a la carne;
porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si
por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”
Romanos 8:12-13 (RVR1960)
El Señor es claro: no le debemos nada a la carne. No estamos obligados a obedecer nuestros impulsos, nuestros malos hábitos, nuestro orgullo, nuestro resentimiento o nuestras pasiones desordenadas. “Si vivís conforme a la carne, moriréis…”
Aquí no habla solo de muerte
física, sino de muerte espiritual: Muerte en la comunión con Dios. Muerte en el
propósito. Muerte en el avance hacia el Reino.
Pero también hay una promesa: “Si
por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.”
No dice que Dios las hará morir
por nosotros sin nuestra participación. Dice que nosotros, por medio del
Espíritu, debemos hacerlas morir. El Espíritu Santo ya nos fue dado. Jesús ya
venció en la cruz. Pero ahora nos corresponde decidir.
Hay cosas que parecen pequeñas: Una actitud, Un pensamiento
recurrente, Una herida que alimentamos. Un pecado “que nadie ve”.
Pero si no las matamos a tiempo, crecerán… Y lo que hoy
parece pequeño, mañana será una cadena. Dios no nos obliga. Nos dio libre
albedrío. Nos dio su Espíritu. Ahora espera nuestra decisión. No es en nuestras
fuerzas. Es sometiendo nuestra vida a Él cada día.
“¿No podré yo
hacer de vosotros como este alfarero…? Como el barro en la mano del alfarero,
así sois vosotros en mi mano…”
Jeremías 18:6
Dios trabaja con corazones
sensibles. La arcilla blanda se deja moldear. La arcilla endurecida tiene que
ser quebrada. Y el quebrantamiento duele. Muchas veces decimos: “Yo soy así.” “Ese
es mi carácter.” “Siempre he sido de esta manera.” Pero cuando decimos eso, en
realidad estamos defendiendo la carne.
Dios hace cosas hermosas en un corazón humilde, sencillo,
dispuesto a cambiar. El problema no es que tengamos luchas. El problema es que
no queramos soltarlas.
¿Qué actitud sigo justificando? ¿Qué
hábito sé que me estorba? ¿Qué área no he querido rendirle al Señor? Hay que matar las obras de la carne, y somos
cada uno de nosotros quienes lo debemos hacer, porque lo que no matas hoy, mañana
te hará llorar. No esperes a que Dios tenga que quebrarte para transformarte. Es
mejor rendirse voluntariamente que ser quebrado por la dureza.
Dios te continúe
Bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
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