NUEVAS CADA MAÑANA



La misericordia de Dios es ese abrazo inmerecido que recibimos una y otra vez, incluso cuando fallamos. No es que ignore nuestras debilidades, sino que las cubre con su amor para levantarnos y darnos otra oportunidad. Su misericordia es más grande que nuestra culpa, más fuerte que nuestro cansancio y más constante que nuestros errores.

Por la misericordia del Señor no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad” 

(Lamentaciones 3:22-23).

Esto significa que cada amanecer es una señal de que Dios no se ha cansado de nosotros. Aunque tropecemos, Él vuelve a extender su mano para que sigamos caminando.

El apóstol Pablo lo confirma:

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo”

 (Efesios 2:4-5).

En otras palabras: no nos salvamos porque fuimos buenos, sino porque Dios fue misericordioso. Su compasión abre la puerta a una vida nueva.

Y Jesús mismo nos recordó:

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia” 

(Mateo 5:7).

Cuando recibimos la misericordia de Dios, también somos llamados a reflejarla en otros: perdonar, comprender y abrazar a quienes nos rodean.

Hoy, en lugar de enfocarte en tus fallas, mira la fidelidad de Dios. Cada respiro que tienes es prueba de que su misericordia te sostiene. No es tarde para levantarte, no es tarde para volver a empezar, porque la misericordia de Dios nunca se acaba.

Oremos:

Señor, gracias porque tu misericordia me alcanza cada día. Ayúdame a recordar que tu amor es más fuerte que mis errores y enséñame a extender esa misma misericordia a los demás. Amén.

Dios te continúe amando 

Julia Andrea Bustamante 

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS