ORGULLO RENDIDO
Es hermoso saber que Dios sí
puede transformar nuestro carácter. Nadie nace con el temperamento
perfecto, pero todos podemos ser moldeados por Él. La vida de Moisés es una
prueba viva de eso.
Moisés no empezó siendo el hombre
manso que muchos imaginan. Su carácter era fuerte, impulsivo y, muchas veces,
dominado por la emoción.
Mató
al egipcio:
“Entonces miró
a todas partes, y viendo que no aparecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en
la arena.”
Éxodo 2:12
Moisés vio una injusticia, pero
reaccionó con violencia. No consultó a Dios, no esperó dirección. Actuó por
impulso. Cuando dejamos que el enojo nos gobierne, terminamos haciendo cosas
que Dios nunca nos pidió.
Rompió
las tablas de la ley:
“Y aconteció
que cuando él llegó al campamento, y vio el becerro y las danzas, ardió la ira
de Moisés, y arrojó las tablas de sus manos, y las quebró al pie del monte.”
Éxodo 32:19
Su enojo era real, el pecado del pueblo era grave, pero su
reacción mostró un corazón todavía no completamente rendido. Tener razón no
justifica perder el control.
Golpeó
la roca en desobediencia
Dios le dijo que hablara a la roca, pero “alzando su mano, golpeó la roca con su vara dos veces.”
Números
20:8,11
Aquí vemos algo más profundo:
frustración, cansancio, orgullo herido. Moisés ya no estaba reaccionando por
celo santo, sino por su estado emocional. Cuando el carácter no está rendido,
terminamos desobedeciendo aun en cosas pequeñas… y eso trae consecuencias.
Pero Dios no terminó con él, A
pesar de todo, Dios siguió trabajando en su corazón.
“Y aquel varón Moisés era muy manso, más que todos los hombres que había sobre la tierra.”
Números 12:3
¡Qué cambio tan grande! De
impulsivo y violento… a el más manso.
Esto no pasó de un día para otro. Fue un proceso en el desierto, en la
dependencia diaria de Dios, en la obediencia constante.
Dios no cancela personas; transforma
corazones rendidos.
Jesús, “siendo en forma de Dios… se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte.”
Filipenses 2:6–8
Jesús tenía todo el derecho a
imponerse, pero eligió humillarse. Moisés fue transformado. Jesús es el modelo perfecto.
“Dios resiste a los soberbios, y da gracia a
los humildes.”
Santiago 4:6
Aquí no hay punto
medio. O vivimos defendiendo nuestro orgullo…O rendimos nuestro carácter a
Dios.
“Al altivo mira de lejos, pero al humilde mira
de cerca.”
Salmos 138:6
¿Quieres que Dios te mire de cerca… o de
lejos?
Si queremos Su cercanía, Su
gracia y Su respaldo, hay un camino: pasar del orgullo a la humildad. Hoy
es un buen día para decir: Señor, no solo te entrego mis problemas… te entrego mi carácter.
Dios te continúe
bendiciendo.
Julia Andrea
Bustamante
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