¿QUIÉN AMA MAS?


Hay algo tan hermoso que nos muestra el amor de Jesús, Él no mira como nosotros miramos. Él ve el corazón, ve la historia, ve el dolor y también ve el arrepentimiento verdadero.

En esta historia encontramos a una mujer que había fallado mucho. Su vida estaba marcada por errores, por pecados profundos, de esos que pesan en el alma. Pero ella tuvo un encuentro con el amor correcto. No llegó justificándose, llegó rendida. No llegó perfecta, llegó quebrantada.

La Palabra nos recuerda algo poderoso:

“Si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.”
Isaías 1:18

Esto significa que no importa cuán “intenso” haya sido el pecado, el perdón de Dios es aún más poderoso. No hay mancha que Él no pueda limpiar. No hay pasado que Él no pueda restaurar. Su gracia no se mide, se derrama.

Me ama mucho porque sabe que sus muchos pecados ya están perdonados. En cambio, al que se le perdonan pocos pecados, ama poco. Después Jesús le dijo a la mujer: Tus pecados están perdonados. Los otros invitados comenzaron a preguntarse: ¿Cómo se atreve este a perdonar pecados? Pero Jesús le dijo a la mujer: Tú confías en mí, y por eso te has salvado. Vete tranquila.

Lucas 7:47-50 TLA

Aquí hay algo importante que entender con claridad: La mujer no fue perdonada porque amó… sino que amó porque fue perdonada. Su amor fue la evidencia de que ella ya había recibido gracia.

Por eso, mientras más conscientes somos de cuánto hemos sido perdonados, más profundo se vuelve nuestro amor por Dios.

Amar mucho al Señor no es solo decirlo con palabras. Es una respuesta del alma. Es vivir rendidos, agradecidos, transformados.

“Nosotros le amamos a Él, porque Él nos amó primero.”
 1 Juan 4:19

Amar así se ve en lo cotidiano: Cuando decides rendir tu voluntad, aunque cueste, cuando eliges la santidad, aunque nadie te vea, cuando tu corazón permanece agradecido, incluso en procesos, cuando vuelves a Él una y otra vez, sin huir.

Hoy, si en tu corazón sientes el peso de errores pasados o incluso presentes, recuerda esto: si ya viniste a Él con un corazón sincero, Él ya te perdonó. Y ese perdón no es pequeño, es completo.

No vivas mirando tu pasado. Vive respondiendo a Su amor.

Que seamos como esa mujer, que no tuvo miedo de derramarlo todo a los pies de Jesús.
Que entendió que había sido profundamente perdonada, y por eso, decidió amar profundamente.

¡Ama mucho… porque has sido muy perdonado, por eso le amo, porque me perdonó mucho!

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS