SAL Y FUEGO

 


“Dios va a purificar a todos como cuando purificamos las cosas con la sal o con el fuego. La sal es buena. Pero si deja de estar salada, ¿cómo podrán ustedes devolverle su sabor? Por eso, sean buenos como la sal: hagan el bien y vivan en paz con todos.”

Marcos 9:49-50 (TLA)

La Palabra de Dios es tan hermosa… porque nos habla con ejemplos sencillos, de la vida diaria, pero con verdades profundas; Hoy nos habla de la sal y del fuego.

La sal representa algo que sirve, que aporta, que da sabor, que preserva. No es algo que está ahí sin propósito… la sal siempre cumple una función.

Y Dios nos dice que nosotros también estamos llamados a ser así.

Pero antes de eso, hay algo muy importante: Dios dice que nos va a purificar, El fuego no siempre es cómodo…los procesos no siempre son fáciles…pero tienen un propósito: limpiarnos, transformarnos, hacernos mejores.

“Estas pruebas demostrarán que su fe es genuina. Está siendo probada de manera similar al oro, que aunque perecedero se refina en el fuego.”

1 Pedro 1:7 (NVI)

Esto significa que los momentos difíciles no son para destruirnos…son para refinarnos. Dios usa el “fuego” para quitar lo que no suma, lo que estorba, lo que no viene de Él. Y luego nos habla de la sal…

“Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve insípida, ¿cómo recobrará su sabor?”

Mateo 5:13 (NVI)

Aquí hay un llamado directo a nuestro corazón: sí somos sal… pero no podemos perder nuestro sabor. ¿Y qué significa eso? Que no podemos dejar de ser lo que Dios nos llamó a ser. Que no podemos perder nuestra esencia. Que nuestra vida debe reflejar a Dios en lo que hacemos, en cómo hablamos, en cómo tratamos a otros.

Ser sal es aportar vida, dar esperanza, marcar diferencia, traer paz, por eso el mismo pasaje nos dice: “Hagan el bien y vivan en paz con todos.”

Ser sal no es solo palabras…es una vida que se nota. Es en lo cotidiano… en lo sencillo…en cómo respondemos…en cómo amamos. Hoy Dios nos recuerda con amor: Estamos en un proceso…Él nos está purificando… pero también nos está formando para que seamos de bendición.

No tengamos miedo al fuego…porque después del proceso, hay una vida que tiene propósito, sabor y sentido.

Hoy podemos decirle juntos:

“Señor, purifica nuestro corazón…y ayúdanos a no perder nuestro sabor. Que podamos ser sal en este mundo…y reflejar tu amor en todo lo que hagamos.”

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

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