SALVADOR PROMETIDO Y CUMPLIDO
Durante este año hemos hablado del amor de Dios, de la fe, de la esperanza y de Jesús. Tal vez algunas conversaciones fueron breves, otras profundas; quizá algunas sembraron preguntas y otras trajeron consuelo. Pero todas apuntan a una verdad central: Dios cumple lo que promete.
Mucho antes de que Jesús naciera, Dios ya había hablado de Él. A través de los profetas, anunció que un Salvador vendría al mundo.
El profeta Miqueas escribió:
“Pero tú, Belén Efrata… de ti me saldrá el que será Señor en Israel.”
(Miqueas 5:2)
Dios prometió que el Salvador nacería en un lugar sencillo, pequeño, inesperado. Y así fue. Jesús no llegó con grandeza humana, sino con humildad, cercanía y amor.
Años después, el profeta Zacarías dijo:
“He aquí tu Rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde…”
(Zacarías 9:9)
Jesús vino como Rey, pero no como los reyes de este mundo. Vino para servir, para sanar corazones, para cargar nuestras luchas y ofrecernos una vida nueva. En Él, Dios cumplió su promesa.
La Navidad nos recuerda justamente eso: Dios no se olvidó de la humanidad. Entró en nuestra historia, en nuestra fragilidad, para caminar con nosotros y darnos esperanza.
Mi deseo es que este mensaje no sea solo un recuerdo más, sino una invitación: que puedas mirar a Jesús con libertad, sin presión, y descubrir por ti mismo su amor.
Que la paz, la esperanza y la luz que trajo Jesús llenen tu corazón hoy y siempre. Gracias por permitirme compartir contigo este mensaje durante este año. Que Dios te bendiga profundamente.
¡Feliz Navidad!
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
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