SANTOS LLAMADOS

 A veces la palabra “santo” se malinterpreta o incluso nos parece lejana. Pensamos que es algo imposible, reservado solo para Dios. Y sí, Dios es Santo, perfecto y sin mancha… pero también es Él mismo quien nos hace un llamado lleno de amor:

“Sed santos, porque yo soy santo.”

1 Pedro 1:16

Ser santos no significa ser perfectos por nuestras propias fuerzas. Significa ser apartados, separados para Dios, ya no viviendo conforme a la corriente de este mundo, sino caminando en una vida que refleja Su corazón.

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento…”

Romanos 12:2

La santidad es un camino, un proceso hermoso donde Dios trabaja en nosotros. No se trata de “intentar ser buenos”, sino de rendir nuestra vida. Es decir: entregarle nuestra voluntad, nuestros pensamientos, nuestras decisiones, y permitir que Su Espíritu nos transforme desde adentro.

“Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.” Filipenses 2:13 

Nosotros ponemos el corazón dispuesto, pero es Él quien hace la obra, Dios no nos llama a la santidad para humillarnos o hacernos sentir incapaces. Todo lo contrario. Nos llama porque nos ama profundamente. Él es un Rey justo, un Padre bueno, un Dios cercano que desea lo mejor para nosotros.

“Mas él herido fue por nuestras rebeliones… y por su llaga fuimos nosotros curados.”

Isaías 53:5

Jesús, el único verdaderamente Santo, fue quien nos rescató. Él nos libró de la muerte y de la condenación. Por eso, cuando nos llama a vivir en santidad, no es una carga… es una invitación a vivir en libertad, en Su verdad, en Su vida.

Y hay algo poderoso que no podemos olvidar:

“Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Hebreos 12:14

 La santidad no es solo una meta, es el camino para verle, para conocerle más, para contemplar Su rostro.

Entonces, ¿por qué no rendir completamente nuestra vida a Él? ¿Por qué no entregarle todo lo que somos, para vivir como Él soñó? No se trata de perfección, se trata de amor y rendición.

Un día, si permanecemos en Él, lo veremos tal como es y ese será el mayor regalo.

“Amados, ahora somos hijos de Dios… pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es.”

1 Juan 3:2

Hoy, el Señor no exige, invita. Nos llama con amor a ser apartados para Él, a caminar con Él, a vivir para Él.

Y en ese camino, poco a poco, nuestra vida va a reflejar Su santidad.

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS