SILBO APACIBLE


Muchas veces hemos anhelado escuchar la voz de Dios, pedirle que nos hable claramente, que nos muestre qué hacer o que traiga dirección a nuestra vida. Pero en medio de tantas voces, preocupaciones, afanes y ruido exterior, nuestro corazón se distrae y se hace difícil reconocer Su voz.

“Estad quietos, y conoced que yo soy Dios…”

 Salmo 46:10

Dios muchas veces no habla en medio de la desesperación, sino en la quietud de un corazón rendido. Él ama revelarse en lo sencillo, en el silencio, en esos momentos donde dejamos todo a un lado para simplemente descansar en Su presencia.

Así como ocurrió con el profeta Elías, el Señor no estaba en el viento fuerte, ni en el terremoto, ni en el fuego, sino en un silbo apacible y delicado.

“…pero Jehová no estaba en el viento… ni en el terremoto… ni en el fuego; y tras el fuego un silbo apacible y delicado.”

1 Reyes 19:11-12

Qué hermoso es saber que Dios sigue hablando hoy. A veces lo hace a través de un susurro al corazón, un sentir profundo en el espíritu, un versículo que cobra vida, una palabra que llega en el momento exacto o una paz sobrenatural que abraza el alma.

El Espíritu Santo hoy nos hace una invitación: detenernos un momento, guardar silencio, alejarnos un poco del ruido y volver a Su presencia. Allí, en lo secreto, nuestro corazón comienza a descansar y nuestros oídos espirituales pueden escuchar Su voz con claridad.

“Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.”

 Jeremías 33:3

Cuando aprendemos a estar quietos delante de Dios, Él trae paz al corazón, gozo al alma y dirección a nuestra vida. Su presencia llena los vacíos, calma las tormentas internas y nos recuerda que nunca estamos solos.

Hoy es un buen día para parar un momento, hacer silencio y permitir que Dios vuelva a hablar a tu espíritu.

Él sigue susurrando amor, dirección y vida a aquellos que deciden acercarse a Su presencia.

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

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