SIN PENA Y SIN VERGÜENZA
Muchas veces no nos da pena
bailar, cantar o tararear la canción de algún cantante famoso.
Incluso repetimos la música una y
otra vez y hasta bailamos sin preocuparnos de quién nos está mirando.
Pero curiosamente, cuando llega
el momento de cantarle a Dios, de alabarle o de expresarle nuestra adoración… a
muchos les da vergüenza.
Nos sentimos observados, juzgados
o intimidados por los demás. Y entonces bajamos la voz, nos quedamos quietos o
simplemente callamos.
Pero la Biblia nos muestra una
historia muy hermosa que nos enseña algo profundo sobre la adoración.
En la Palabra de Dios se cuenta
que cuando el arca del pacto fue llevada a Jerusalén, el rey David estaba tan
lleno de alegría por la presencia de Dios que comenzó a danzar con
todas sus fuerzas delante del Señor.
“Y David
danzaba con toda su fuerza delante de Jehová; y estaba David vestido con un
efod de lino.”
2 Samuel 6:14
(RVR1960)
David no estaba preocupado por su
imagen, ni por su posición como rey. Lo único que llenaba su corazón era la
alegría de honrar a Dios. Su adoración era sincera, libre y llena de amor.
Sin embargo, no todos lo entendieron. Incluso fue criticado.
“Cuando el arca
de Jehová llegó a la ciudad de David, aconteció que Mical hija de Saúl miró
desde una ventana, y vio al rey David que saltaba y danzaba delante de Jehová;
y le menospreció en su corazón.”
2 Samuel 6:16
(RVR1960)
Mical, su esposa, lo juzgó. Pensó que su comportamiento no
era digno de un rey. Pero David no estaba adorando para agradar a las personas,
sino para agradar a Dios.
Entonces David respondió con unas palabras que muestran el
verdadero corazón de un adorador:
“Aún me haré
más vil que esta vez, y seré bajo a mis propios ojos…”
2 Samuel 6:22
(RVR1960)
David estaba diciendo algo muy poderoso: Si tengo
que humillar mi orgullo, mi reputación o mi apariencia con tal de honrar a
Dios, lo haré sin problema.
Porque cuando entendemos quién es Dios y todo lo que ha
hecho por nosotros, la vergüenza desaparece.
Dios es quien nos dio la vida, es quien nos ha sostenido en
cada momento, es quien ha estado con nosotros aun cuando nadie más estaba y lo
más grande de todo: Jesús entregó su vida por amor a nosotros.
“Mas Dios
muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió
por nosotros.”
Romanos 5:8
(RVR1960)
Este versículo nos recuerda que el amor de Dios no depende
de lo que somos o de lo que hemos hecho. Aun cuando fallamos, Cristo decidió
morir por nosotros. Ese amor merece nuestra gratitud, nuestra adoración y todo
nuestro corazón.
Por eso, cuando entendemos quién es Dios y cuánto nos ama,
algo cambia dentro de nosotros. La adoración deja de ser una obligación y se
convierte en una respuesta de amor.
“Todo lo que
respira alabe a JAH. Aleluya.”
Salmos 150:6
(RVR1960)
La alabanza no es solo para los que cantan bonito o para los
que no tienen pena. La alabanza es para todo el que respira, porque
cada respiración es un regalo de Dios.
Por eso hoy mi corazón decide algo: No me da vergüenza
cantar; No me da vergüenza adorar.
No me da vergüenza exaltar al Señor delante de quien sea.
Porque Él me dio la vida, Él me ha sostenido y Él murió por
mí en la cruz.
Así que, como David, yo también puedo decir: “Me
haré más vil por causa del Señor.”
Que nuestra adoración siempre nazca de un corazón
agradecido, libre y lleno de amor por Aquel que lo dio todo por nosotros.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
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