SU ASOMBRO
“No hay profeta
sin honra sino en su propia tierra… Y estaba asombrado de la incredulidad de
ellos.”
San Marcos
6:4-6 (RVR1960)
Hay algo que debería estremecernos:
Jesús se asombró, no por un milagro, no por la multitud. Se asombró por la incredulidad.
En su propia tierra, entre su gente, entre los que lo vieron
crecer, lo miraban como “uno más”. Lo reducían a su oficio, a su familia, a su
historia. No lograron ver que frente a ellos estaba el Hijo de Dios.
“¿No es este el
carpintero…? … Y no tenían fe en él.”
San Marcos
6:2-3 (DHH94I)
Ellos escuchaban su sabiduría, veían los milagros, pero su corazón decía:
“Es solo el carpintero.”
Y ahí está el peligro: cuando la
familiaridad mata la fe. Cuando creemos conocer tanto a Jesús que dejamos de
honrarlo, cuando lo hacemos pequeño en nuestra mente.
La consecuencia fue fuerte:
“Y no pudo
hacer allí ningún milagro…”
San Marcos 6:5
No porque le faltara poder, sino porque la incredulidad cierra puertas, la falta de fe limita lo que estamos dispuestos a recibir. Hoy, Jesús sigue siendo rechazado, la humanidad tiene más fe en amuletos que en Él. Más confianza en un horóscopo que en su Palabra, se busca al adivino, al hechicero, a cualquier alternativa… menos al único que dio su vida para salvarnos.
Es impactante: Se necesita más fe para creer en supersticiones que para creer en Aquel que
venció la muerte.
“Yo he venido
para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.”
Juan 10:10
El vino a darte vida abundante, vino
a hacer milagros, vino a restaurar.
“Toda buena
dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto…”
Santiago 1:17
Todo lo bueno que tienes viene de Él, la provisión, la paz, la oportunidad, la gracia.
Entonces la pregunta es
inevitable: ¿Será que Jesús también se asombra de mi incredulidad? ¿Será que lo he reducido a algo común? ¿Será que digo creer, pero mi confianza
real está en otras cosas? este devocional no es para señalar a los de Nazaret. Es
para mirarnos por dentro.
Hoy es día de honrarlo, de volver
a creer con sencillez, de reconocer que no es “el carpintero”… Es el Señor, y donde hay fe, siempre habrá milagros.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
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