TODO SUYO
A veces olvidamos algo tan sencillo, pero tan poderoso: Todo lo que existe es de Dios.
La Palabra nos lo dice claramente:
“Porque de Él,
por Él y para Él son todas las cosas.”
Romanos 11:36
Esto significa que todo proviene
de Dios, todo se sostiene en Él y todo tiene como propósito volver a Él. Nada
es casual, nada es nuestro en esencia. Entonces… ¿por qué vivimos como si
fuéramos dueños?
Nos aferramos a lo material, a
las personas, a relaciones, a posiciones y sin darnos cuenta, comenzamos a
sentir que nos pertenecen.
Pero la verdad es otra:
“De Jehová es
la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.”
Salmo 24:1
Dios es el dueño absoluto de todo, nosotros somos
administradores.
Todo lo que hoy tienes: Tu familia, tu trabajo, tus bienes,
incluso esa relación que tanto amas no te pertenece, te fue confiado por Dios.
Y aquí viene una pregunta que toca el corazón:
¿Si hoy Dios te pidiera que le entregaras eso que amas, lo
harías?
Así como le pidió a Abraham:
“Toma ahora tu
hijo, tu único y ofrécelo allí en holocausto.”
Génesis 22:2
Dios no quería quitarle a Isaac, quería
probar el lugar que Él ocupaba en el corazón de Abraham.
Porque todo lo que no le rendimos
a Dios, termina ocupando Su lugar. Incluso nuestros pensamientos, nuestras
preocupaciones, aquello que nos roba el sueño, el tiempo también le pertenecen
a Él y sin embargo, vivimos como si tuviéramos el control, como si el tiempo
fuera nuestro, como si la vida fuera nuestra.
Pero la realidad es esta:
“Desnudo salí
del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá.”
Job 1:21
Nada trajimos, nada nos vamos a
llevar, llegamos solos y nos iremos solos.
Entonces ¿a qué estamos
aferrados?
Si hoy el Señor te llamara a Su presencia ¿qué te costaría
soltar?
¿Un bien material?, ¿Una persona?, ¿Una relación?, ¿Un
pensamiento?, ¿Un control que no quieres entregar?
Hoy es un buen día para rendirlo todo, para reconocer con
humildad:
Señor, todo es Tuyo, incluso yo.
“Así que,
hermanos, os ruego… que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo…”
Romanos 12:1
Dios no solo quiere
lo que tienes, Él quiere tu corazón rendido.
¿Qué estás
sosteniendo como “tuyo” que en realidad le pertenece a Dios?
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
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