TRES VERDADES
En la Palabra de Dios encontramos que el Espíritu Santo es quien convence al ser humano de tres verdades fundamentales para responder al llamado de Dios: de pecado, de justicia y de juicio. No es una obra que el hombre pueda hacer por sí mismo; es el Espíritu Santo quien abre nuestros ojos para reconocer nuestra verdadera condición y nuestra necesidad de Cristo.
Convencer de pecado significa que el Espíritu Santo nos muestra que el pecado nos separa de Dios y que nuestra mayor necesidad es arrepentirnos y creer en Jesucristo. No solo nos hace reconocer las malas acciones que hemos cometido, sino también que sin Cristo estamos perdidos. Esa convicción no busca condenarnos, sino llevarnos al arrepentimiento y a experimentar el perdón y la gracia de Dios.
Convencer de justicia significa que el Espíritu Santo nos muestra que Jesucristo es el único verdaderamente justo y que solo por medio de Él podemos ser aceptados delante de Dios. No podemos alcanzar la salvación por nuestros propios méritos ni por nuestras buenas obras; nuestra justicia proviene únicamente de Cristo, quien murió y resucitó para darnos una nueva vida.
Convencer de juicio significa que el Espíritu Santo nos recuerda que Dios es justo y que el mal no quedará sin respuesta. Jesús venció a Satanás en la cruz, y llegará el día en que toda persona dará cuenta delante de Dios. Esta verdad no pretende llenarnos de temor, sino motivarnos a vivir en obediencia, santidad y esperanza, confiando en la victoria de Cristo.
Cuando estas tres verdades permanecen vivas en nuestro corazón, entendemos mejor quién es Dios, quiénes somos nosotros y el propósito para el cual Él nos ha llamado. El Espíritu Santo no solo nos convence una vez; también sigue transformando nuestra vida para que cada día nos parezcamos más a Cristo.

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