UNA CASA HABITADA
Jesús dijo algo muy profundo:
“Cuando el espíritu impuro sale del hombre… vuelve y la halla desocupada, barrida y adornada. Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores… y el estado postrero viene a ser peor que el primero.”
(Mateo 12:43–45)
A veces pensamos que “limpiar la casa” es suficiente. Dejamos un hábito, dejamos un pecado, soltamos un ambiente… y sentimos que eso es todo. Pero Jesús nos muestra algo importante: una casa vacía es vulnerable. No basta con barrerla; debe ser habitada.
Una casa abandonada, por más bonita que la dejen, con el tiempo se deteriora. El polvo vuelve, la humedad avanza, la pintura se cae. ¿Por qué?
Porque no está habitada, no tiene vida adentro.
Así también es el corazón.
No basta con sacar lo malo; necesitamos llenarlo de la presencia de Dios, de Su Palabra y de Su amor. Donde Él habita, no hay espacio para que lo viejo regrese.
“Porque donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.”
(2 Corintios 3:17)
Este versículo nos recuerda que la libertad verdadera no es solo dejar algo atrás, sino permitir que el Espíritu Santo viva dentro de nosotros.
Donde Él está, lo viejo no tiene permiso de volver. Su presencia no solo limpia: transforma.
Una casa con luz, con vida, con movimiento, no se deteriora. Así también un corazón lleno de Dios se mantiene fuerte.
“Permanezcan en mí, y yo permaneceré en ustedes… separados de mí nada pueden hacer.”
(Juan 15:4–5)
Jesús nos enseña que la clave no es solo un cambio momentáneo, sino una relación continua.
Él quiere habitar en tu corazón, no solo visitarlo.
Cuando permanecemos en Él:
Las raíces se fortalecen, La vida espiritual se sostiene, Los ataques pierden fuerza, Y lo que antes nos dominaba ya no tiene entrada
Una casa habitada se mantiene firme. Un corazón habitado por Cristo se mantiene vivo.
Tal vez ya limpiaste muchas cosas en tu vida. Tal vez rompiste cadenas, dejaste hábitos y diste pasos importantes. Eso es valioso. Pero Dios te dice hoy:
“No quiero solo una casa limpia. Quiero que sea mi hogar.”
No abandones tu corazón después de haberlo limpiado.
No sueltes lo que Dios ya empezó. Deja que Él ilumine cada cuarto, cada rincón, cada herida, Invítalo a quedarse.
Porque cuando Cristo habita, lo que antes te destruyó ya no encuentra espacio para regresar.
Que hoy sea el día en que tu corazón deja de estar solo barrido…
y se convierte en una casa viva, firme, habitada y llena de la presencia de Dios.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante

Comentarios
Publicar un comentario