UNA GRAVE OFENSA

 


“Los maestros de la Ley que habían llegado de Jerusalén decían: «¡Está poseído por Beelzebú! Expulsa a los demonios por medio del príncipe de los demonios»”.

Marcos 3:22 (NVI)

En este pasaje vemos algo que entristece profundamente el corazón de Dios. Los maestros de la ley estaban viendo con sus propios ojos los milagros que Jesús hacía: personas libres, sanidades, liberaciones. Sin embargo, en lugar de reconocer que era el poder de Dios obrando, decidieron decir que todo venía del enemigo.

Esto no fue un simple error. 

Fue una acusación muy grave, porque estaban atribuyendo la obra del Espíritu Santo a Satanás. Jesús mismo habló de lo delicado de esto:

 “Pero todo el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás; es culpable de un pecado eterno”.

Marcos 3:29 (NVI)

Aquí el Señor nos muestra la seriedad del asunto. No se trata de una palabra dicha sin pensar; se trata de rechazar deliberadamente la obra de Dios y llamarla obra del mal. Es cerrar el corazón de tal manera que ya no se reconoce la verdad, aunque esté delante de los ojos.

Para entenderlo mejor, pensemos en algo sencillo. Imagina que una persona compone una canción con todo su esfuerzo, su talento y su corazón. Pero cuando la canción se hace famosa, en los medios dicen que el autor fue otra persona. ¿Te imaginas lo doloroso que sería para quien realmente la creó?

Ahora pensemos en Dios. Cuando el Espíritu Santo obra, sana, restaura o transforma una vida, y alguien dice que eso viene del enemigo o de otra fuente, se le está quitando a Dios la gloria que le pertenece. Eso es una gran ofensa.

La Biblia nos recuerda algo muy importante:

“Yo soy el Señor; ese es mi nombre. No cederé mi gloria a nadie ni mi alabanza a ídolos”.

 Isaías 42:8 (NVI)

Dios es celoso de su gloria porque Él es la fuente de todo lo bueno. Cada milagro, cada transformación, cada obra verdadera viene de Él. Por eso este pasaje también es una invitación para nosotros: cuidar nuestro corazón y nuestras palabras. No todo lo entendemos, pero debemos ser prudentes antes de juzgar lo que Dios puede estar haciendo.

 “No apaguen el Espíritu. No desprecien las profecías, sino examínenlo todo; retengan lo bueno”. 

1 Tesalonicenses 5:19-21 (NVI)

El Señor nos llama a tener discernimiento, pero también humildad. A reconocer cuando Dios está obrando y a darle siempre la gloria que solo a Él le pertenece. Pidámosle al Señor un corazón sensible, humilde y lleno de reverencia para honrar siempre la obra de su Espíritu.

Dios te continúe bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

Comentarios

Entradas populares de este blog

BLOG PARA SEDIENTOS