UNA HUMILDE RESPUESTA

 


“Por haberme respondido así, puedes irte tranquila; el demonio ha salido de tu hija.”

Marcos 7:29 (NVI)

Este pasaje nos deja ver algo muy profundo del corazón de Jesús. Para Él es muy importante la forma en que respondemos, la actitud con la que nos acercamos y la fe con la que reconocemos su autoridad.

La mujer que se acercó a Jesús tenía una gran necesidad: su hija estaba atormentada por un demonio. Como cualquier madre, su corazón estaba desesperado. Pero más allá de su dolor, ella entendía algo muy importante: solo Jesús podía hacer el milagro que ella necesitaba.

Cuando el Señor escuchó su respuesta, vio en ella fe, humildad y dependencia. Por eso le dijo que podía irse tranquila, porque su hija ya había sido liberada.

Aquí aprendemos que nuestra respuesta delante de Dios sí importa. Él mira el corazón con el que nos acercamos a Él.

“Sí, Señor respondió la mujer, pero hasta los perros comen debajo de la mesa las migajas que dejan los hijos.”

Marcos 7:28 (NVI)

La respuesta de esta mujer fue sorprendente. Ella no se ofendió, no discutió ni se alejó. Al contrario, respondió con humildad y perseverancia. Con sus palabras estaba diciendo algo muy profundo:
“Señor, sé que eres poderoso. Sé que una sola migaja de tu poder es suficiente para transformar mi situación”.

Esta mujer reconoció la grandeza de Jesús y también su propia necesidad. No reclamó derechos; no se puso a pelear con el Señor, simplemente confió en la misericordia su misericordia.

Muchas veces nosotros podemos acercarnos a Dios con prisa, con exigencias o incluso con desánimo cuando parece que no responde de inmediato. Pero esta historia nos enseña que la fe verdadera persevera, incluso cuando parece que el cielo guarda silencio.

El corazón de Jesús nunca tuvo la intención de humillarla. Al contrario, Él estaba revelando la profundidad de su fe para que todos pudieran verla.

El Señor no busca hacernos sentir mal. Lo que Él desea es que nuestro corazón reconozca que dependemos completamente de Él, porque solo Jesús puede satisfacer nuestras necesidades más profundas.

Cuando nos acercamos a Dios con humildad, fe y confianza, algo poderoso ocurre: su gracia se mueve a nuestro favor.

A veces no necesitamos grandes palabras ni largas explicaciones. Muchas veces, una respuesta llena de fe es suficiente para que el poder de Dios se manifieste.

Hoy el Señor también mira nuestro corazón. Y quizás nos hace la misma invitación: responderle con fe, confiar en su misericordia y depender completamente de Él.

Porque incluso una sola “migaja” de su poder es capaz de cambiarlo todo.

Dios te continue bendiciendo

Julia Andrea Bustamante

 

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