UVAS SILVESTRES
Hay preguntas que, cuando vienen de Dios, deberían hacernos detener.
“¿Qué más se podía hacer a mi viña, que yo no haya hecho en ella?”
Isaías presenta a Israel como una viña que Dios había cuidado con amor. Él la había escogido, preparado, protegido y hecho todo lo necesario para que diera buenos frutos. Sin embargo, cuando llegó el momento de recogerlos, encontró uvas silvestres.
Y al leer este pasaje, aunque originalmente Dios estaba hablando de Israel, podemos permitir que esta palabra examine también nuestra vida.
Porque Dios ha hecho mucho por nosotros: Nos ha buscado, nos ha perdonado, nos ha levantado, nos ha tenido paciencia, nos ha dado nuevas oportunidades, nos ha hablado una y otra vez.
La Biblia dice:
Dios no nos amó porque fuéramos perfectos. Nos amó primero. Y ese amor debería producir una respuesta en nosotros.
Jesús dijo:
Dios espera fruto de nuestra vida, no solamente palabras bonitas, no solamente apariencia, no solamente asistir, cantar, servir o decir que creemos. Él quiere encontrar un corazón que está siendo transformado por su presencia.
Quizás alguna vez nos hemos preguntado por qué Dios permite que nos corrija o nos confronte. Pero la Biblia dice:
Cuando Dios señala algo que está mal en nosotros, no necesariamente lo hace para avergonzarnos. Muchas veces lo hace porque nos ama demasiado para dejarnos igual.
Jesús lo explicó de esta manera:
A veces esa limpieza duele. Duele cuando Dios toca nuestro orgullo, duele cuando nos pide perdonar, duele cuando nos muestra una actitud que debemos cambiar, duele cuando nos pide soltar aquello a lo que nos hemos aferrado, pero su propósito no es destruirnos.
Es producir fruto en nosotros. Por eso, aquella pregunta de Isaías puede llegar hoy suavemente a nuestro corazón:
¿Qué está encontrando Dios en mi vida después de todo lo que Él ha hecho por mí?
¿Está encontrando amor? ¿Está encontrando obediencia? ¿Está encontrando perdón? ¿Está encontrando humildad? ¿O todavía hay frutos que no corresponden a la obra que Él está haciendo en nosotros?
No tengamos miedo de permitir que Dios nos muestre la verdad.
Porque cuando Él muestra algo que necesita cambiar, también nos ofrece su gracia para comenzar de nuevo.
No huyas de la poda. Déjate transformar por el amor de Dios.
Dios no muestra mi mal fruto para destruirme, sino porque todavía quiere transformar mi vida y hacerla fructificar.
Oremos: Señor, gracias por todo lo que has hecho por mí, gracias porque me has amado, cuidado, perdonado y levantado tantas veces, Hoy te pido que examines mi corazón y me muestres aquello que no te agrada. No quiero justificarlo ni esconderlo, pódame, límpiame y transforma mi vida.
Que todo lo que Tú has sembrado en mí pueda dar fruto que te glorifique.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
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