VIDA ETERNA
“Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”
Juan 17:3 (RVR1960)
Jesús nos revela algo profundo: la vida eterna no empieza cuando morimos, sino cuando conocemos verdaderamente a Dios.
No se trata solo de saber que Él existe, sino de tener una relación personal con Él. Conocer a Dios es caminar con Él día a día, hablarle, escucharle en su Palabra y permitir que transforme nuestro corazón.
Jesús no vino solo a darnos reglas o religión, sino a mostrarnos el rostro del Padre y abrirnos el camino para tener comunión con Él.
Cuando conocemos a Dios, entendemos su amor, su perdón y su propósito para nosotros. Eso le da sentido y plenitud a la vida.
“Así dijo Jehová: No se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas; mas alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová.”
Jeremías 9:23-24 (RVR1960)
Dios no se impresiona por lo que tenemos o sabemos. Lo que realmente le agrada es que le conozcamos y entendamos su corazón, que sepamos que Él es justo y misericordioso.
Esa relación cercana es la fuente de la verdadera vida.
“Así es, todo lo demás no vale nada cuando se compara con el infinito valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor. Por amor a él, he desechado todo lo demás y lo considero basura, a fin de ganar a Cristo.”
Filipenses 3:8 (NTV)
Pablo entendió que nada en la vida tiene más valor que conocer a Jesús. Ni los logros, ni los títulos, ni las riquezas pueden compararse con la paz y el propósito que se encuentran en Él.
Hoy puedes detenerte un momento y preguntarte:
¿Conozco a Dios de oídas o tengo una relación viva con Él?
Conocerlo no es solo orar cuando lo necesito, sino caminar con Él cada día, confiarle mis temores, agradecerle en lo pequeño y dejar que su Palabra me guíe.
Cuando conocemos a Dios de verdad, vivimos una vida eterna desde ahora, porque su presencia llena nuestro vacío y nos da descanso para el alma.
Oremos:
Señor, gracias porque me invitas a conocerte de verdad. No quiero conformarme con saber de ti, quiero caminar contigo, escuchar tu voz y amarte más cada día. Enséñame a vivir la vida eterna desde ahora, cerca de ti. Amén.
Dios te continúe bendiciendo
Julia Andrea Bustamante
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