VOZ VALIENTE
"Yo soy la voz de uno que clama en el desierto: Enderezad el camino del Señor."
Juan 1:23
El desierto es un lugar donde la vida parece escasa. Es un lugar seco, silencioso y difícil. Espiritualmente, también existen desiertos: corazones cansados, personas sin esperanza, familias rotas y vidas que sienten que Dios está muy lejos.
Fue precisamente allí donde Dios levantó a Juan el Bautista. Él no era la Luz, pero sí la voz que anunciaba que la Luz estaba por llegar. Su misión era preparar el corazón de las personas para recibir a Jesucristo.
Muchas veces pensamos que Dios solo habla en los momentos de tranquilidad, pero la Biblia nos muestra que también levanta voces en medio del desierto. Personas comunes que, con amor y obediencia, anuncian que todavía hay esperanza.
Quizá hoy tú recuerdas a alguien que un día te habló de Cristo cuando más lo necesitabas. Tal vez esa persona fue la voz que Dios usó para acercarte a Él. Pero también es posible que ahora el Señor quiera hacer de ti esa voz para alguien más.
No todos estamos llamados a predicar desde un púlpito, pero todos podemos hablar de Jesús con nuestra vida, con nuestras palabras y con nuestro testimonio. Hay personas a nuestro alrededor que viven en un desierto espiritual y necesitan escuchar que Cristo sigue salvando, restaurando y dando una nueva oportunidad.
Juan entendió que su propósito no era llamar la atención hacia sí mismo, sino dirigir todas las miradas hacia Jesús. Nuestra vida también debe señalar siempre al Salvador.
Dios prepara los corazones antes de obrar en ellos. Él usa personas dispuestas para anunciar que el camino hacia Él sigue abierto.
Dios ha decidido llevar el mensaje de salvación por medio de personas. Cada creyente puede ser un instrumento para que otros conozcan a Cristo.
Quizá hoy Dios no te está llamando a salir del desierto, sino a convertirte en una voz que lleve esperanza a quienes aún permanecen allí.
Nunca subestimes una palabra de amor, una oración o un testimonio sincero. Lo que para ti puede parecer un gesto pequeño, para alguien más puede ser el comienzo de una vida transformada por Jesús.
Oremos:
Señor, gracias porque un día enviaste personas que hablaron de Ti y acercaron mi corazón a tu verdad. Hoy también quiero ser una voz que anuncie tu amor, no para que las personas me vean a mí, sino para que encuentren a Cristo. Dame sensibilidad para reconocer a quienes viven en un desierto espiritual y valentía para compartir el evangelio con humildad y amor. Que mi vida siempre apunte hacia Ti, Amén.
Dios te continúe bendiciendo, con amor:
Esteban Agudelo (hijo)
Julia Andrea Bustamante (mamá feliz)

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