MIRADA ETERNA
Es común que el corazón del
creyente sea probado. Vemos a personas que no aman a Dios prosperar, avanzar,
disfrutar… y nosotros, que procuramos agradarle, atravesamos luchas,
enfermedades, escasez o procesos dolorosos, entonces surge la pregunta que casi
nadie quiere confesar:
“¿Vale la pena seguir siendo fiel?” El salmista también lo
sintió.
“En cuanto a
mí, casi se deslizaron mis pies; por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve
envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos.”
(Salmos 73:2-3)
Él fue honesto. No maquilló su lucha. Confesó que casi cae. La
comparación es peligrosa. Nos hace olvidar lo que tenemos y enfocarnos en lo
que nos falta. Pero el mismo salmo muestra el giro que cambia todo:
“Hasta que
entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.”
(Salmos 73:17)
Cuando el salmista miró desde la presencia de Dios, entendió
algo profundo: el éxito sin Dios es temporal. La prosperidad sin su presencia
es frágil. Lo que parece firme puede desmoronarse en un instante. El final del
impío no es envidiable, aunque el presente lo parezca. Esto no es motivo de
orgullo para nosotros, sino de sobriedad. Porque también nosotros podemos
perder la perspectiva si quitamos la mirada del Señor.
“Porque esta
leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y
eterno peso de gloria.”
(2 Corintios 4:17)
Lo que hoy pesa… no se compara con lo que viene. El
sufrimiento del creyente no es abandono, es formación. No es castigo, es
proceso. Y si hemos de ver la gloria eterna, también participamos de sus
padecimientos
“Y si hijos,
también herederos… si es que padecemos juntamente con Él, para que juntamente
con Él seamos glorificados.”
(Romanos 8:17)
El dolor no es el final de tu
historia. Es parte del camino hacia la gloria. Por eso no te desanimes.
No midas tu vida por lo que otros exhiben. No confundas prosperidad visible con
aprobación divina. La verdadera seguridad no está en lo que posees, sino en a
quién perteneces.
“Porque yo sé
los planes que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, planes de bien y no de
mal, para daros el fin que esperáis.”
(Jeremías 29:11)
Lo que tienes en el Señor es
seguro, Su presencia es segura, Su promesa es segura, Tu herencia es segura; Aguanta
un poco más. No se compara lo que viene para el creyente con los tesoros
pasajeros de este mundo. Lo que hoy parece brillo, mañana será polvo. Pero lo
que Dios ha preparado para los que le aman es eterno.
Hoy el Señor te confronta con
amor: ¿Dónde está puesta tu mirada? Si está en lo visible, caerás.
Si está en lo eterno, permanecerás. Que nuestra oración sea como la del salmista
al final del capítulo:
“¿A quién tengo
yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra.”
(Salmos 73:25)
Que esta sea nuestra
decisión: preferir su presencia sobre cualquier prosperidad.
Dios te continúe
bendiciendo
Julia Andrea
Bustamante
Amén... A quien tenemos en los Cielos, sino a Él 🙏🏼
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